Los ojos de toda la gente estaban clavados en el claro cielo aquella tarde. La gente colmaba las grandes avenidas en todas las ciudades, esperando el desenlace del que tanto se había especulado y que ahora definitivamente había llegado. Doce horas antes una alarma despachada por todos los satélites espías revelaban la aparición de una gigantesca nave espacial en la órbita terrestre, que a los pocos minutos se encargó de destruir a sus delatores sin hacer ruido ni esfuerzo. La famosa profecía del 21 de diciembre del 2012 parecía ser, pese a todo, cierta.
Durante esas doce eternas horas internet
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